¿Por qué votar el año próximo? ¿Por el pasado o por el futuro?

Economía sin lágrimas 

Ángel Verdugo

En los países donde hay dos vueltas en sus procesos electorales suelen afirmar que en la primera se vota con el corazón y en la segunda con la neurona o, dicho esto de otra manera, con la conveniencia en mente.

Si nos apegáremos al lenguaje electoral, diría que en la primera vuelta se busca definir un ganador; en la segunda, aun cuando el resultado es similar, lo que orienta el voto es definir el perdedor. En la primera voté a favor de éste y en la segunda, en contra de aquél.

Hay dos procesos recientes que bien reflejan esto último; en Francia, lo que orientó el voto en la segunda vuelta fue esto: La señora Le Pen y su Frente Nacional deberían ser derrotados de manera contundente. Así, el electorado enviaría el mensaje correcto.

El otro caso es la segunda vuelta en el proceso electoral chileno. En la primera vuelta, la ideología y las preferencias políticas marcaron el voto de quienes acudieron a las urnas. En la segunda, fue el sentido práctico que privilegió conveniencia y estabilidad, y un futuro previsible —resultado éste de un manejo profesional de la economía—, frente a lo incierto de una gobernación, como la que dejó ver Gillier, adversario de Sebastián Piñera.

En México no tenemos segunda vuelta, a pesar de que el tema ha sido discutido ampliamente; por razones de índole diversa, no se ha aprobado. Hoy, claramente vemos entre los tres candidatos y las coaliciones que se han formado, dos polos definidos. Por un lado, un candidato con su coalición, y por el otro, dos candidatos con su coalición cada uno.

¿Qué hacer ante esta situación?: Unir las dos vueltas en una. ¿Cómo lograrlo? No es tan difícil como parece; recordemos que el elemento central del voto en la segunda vuelta es definir al perdedor, y votar para hacer ganar contundentemente al candidato o coalición que garantizaría la estabilidad, y una conducción responsable de la economía y la política. Por el contrario, el partido y/o candidato que representaría un salto al vacío en lo político y en lo económico, un regreso al pasado, deberá ser rechazado con el voto aplastante de los electores.

Dicho esto de otra manera, lo pondría así: El elector mexicano debe llegar a la casilla con una claridad meridiana de lo que debe obtenerse con su voto: Hacer que el candidato/coalición que pone en peligro la estabilidad económica y política con propuestas descabelladas, pierda de manera contundente.

De proceder así, el mensaje que el electorado enviaría a todos, tanto aquí como en el exterior, sería que lo logrado —con todas las deficiencias y limitaciones que usted guste—, debemos defenderlo para que sirva de base y los cambios obligados que siguen se puedan hacer con certidumbre y en estabilidad.

Los cambios registrados en el mundo desde finales de los años cincuenta a la fecha, que la globalidad ha hecho posibles, representaron un altísimo precio a pagar en países como el nuestro. Echar eso por la borda —por más limitaciones y fracasos que nadie se atrevería a negar—, con ocurrencias de quien desconoce todo de los cambios concretados en estos sesenta años sería, por decir lo menos, un crimen en contra de las próximas generaciones.

Con lo anterior, nada nuevo le digo a usted; es más, sabe bien quiénes integran ambos polos, y conoce ya el nombre del candidato de cada coalición. Con ese conocimiento y el juicio que elabore, deberá decidir qué impulsará con su voto: O regresar al pasado y a la inestabilidad económica y política, o continuar con mayor intensidad el avance y los cambios. En otras palabras, ¿qué preferirá usted? ¿Más futuro o el regreso al pasado?

Decidir con su voto será, no lo dude, la gran responsabilidad que enfrentaremos los ciudadanos el 1 de julio próximo. ¿Actuaremos responsablemente o nos seducirán la demagogia, la incapacidad y las ocurrencias? ¿Qué responde?

 

Fuente: www.dineroenimagen.com

 

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