Voces Libres. El pastel Sergio Armendáriz

 

“…El ilusorio y efímero júbilo duartista por la designación de José Antonio Meade como abanderado priista a la Presidencia de la República, sólo se equipara al entusiasmo desbordado que les significó el modesto pastel que Meade regaló a César Duarte en las postrimerías de su gestión, cuando este ya enfrentaba los embates del generalizado descréditopúblico por su corrupción al descubierto, una vez que perdió su escuálidodelfín la pasada contienda electoral por la Gubernatura, en la que predominó de forma avasallante el voto antiduartista de tirios y troyanos…”, indica sonriente el influyente personaje, de indudable cercanía a los altos círculos de poder en el altiplano.

 

“…En ambos casos su ingenuidad política confunde las cosas, no nos engañemos por favor, el perfil de Meade como un débil candidato sólo se verá fortalecido con uno o varios golpes espectaculares, como la detención del ahora exgobernador prófugo, que acrecentaría sus índices de credibilidad contra la corrupción, que hoy por hoy parecería ser tema de exclusiva propiedad de López Obrador…”, tomamos los primeros aperitivos de la tarde en la penumbra de exclusivo Bar Inglés, ubicado en el corazón de Polanco, en la CDMX.

“…La rusticidad social de este Duarte lo llevó con frecuencia a confundir simples gestos de cortesía de sus anfitriones, con decisivos apoyos políticos que en la gran mayoría de los casos sólo existieron en su imaginación; quedan para el anecdotario hechos bochornosos similares con Aurelio Nuño, a quien intentó obsequiarle costoso reloj suizo de colección, tanto cuando se encontraba como Jefe de la Oficina de la Presidencia como cuando despachaba en Educación, así como con Luis Videgaray, quien en alguna ocasión tuvo que rechazar de forma pública, con franca irritación, ostentosas cajas de vinos franceses y Coñac que con insistencia que rayaba en la necedad, trataba de regalarle el entonces  gobernador de Chihuahua…”

“…Cercanos colaboradores de Meade confirman que tenían órdenes terminantes de que por ningún motivo se permitiera incluir comidas o mucho menos cenas privadas con Duarte, en la agenda  del entonces Secretario de Relaciones Exteriores o cuando despachó en Desarrollo Social, alertado como estaba de la escandalosa conducta pública y excesos etílicos a los que este era tan propenso…”

“…Las escasas visitas que tuvieron lugar a la entidad en las postrimerías del Duartato, fueron parte de la estrategia de acercamiento de Meade con las fuerzas políticas locales que el propio Presidente de la República le había encomendado, sobre todo después de la más grave debacle electoral que el PRI tuvo de los doce estados que se disputaron en el 2016, y nada tenían que ver con un supuesto “apoyo político decisivo” que el defenestrado exgobernador tanto alardeó de forma un tanto patética entre algunos medios, así como de algunos de sus más cercanos colaboradores y cómplices…”

¿Dime de que presumes…?

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